jueves, 5 de julio de 2012

Cómo percibimos el mundo

"Somos seres visuales. Ningún otro sentimiento, quizá con la excepción del dolor, llena tanto la 'cavidad' mental. La sensación de luz que invade nuestra mente cuando tenemos los ojos abiertos es tan fuerte que nos hace creer que esa luz está ahí fuera, llenando también el mundo que nos rodea, y que nuestros ojos lo único que hacen es recibirla y sentirla. Pero no, no es así".


Cómo percibimos el mundo es un estupendo libro de divulgación sobre... ¡caramba!, el título lo deja bien claro: sobre cómo percibimos lo que percibimos, que en el fondo no es más que una parte minúscula de lo que hay.
Durante la mayor parte de sus poco más de doscientas páginas, en el segundo y último capítulo, Ignacio Morgado nos invita a adentrarnos en los sentidos y en cómo el cerebro interpreta la información que de ellos recibe para que todo un mundo de sensaciones aflore a la consciencia. Un recorrido por los cinco sentidos "tradicionales" y alguno más, que los hay, como el sentido del equilibrio o la propiocepción (la percepción de nuestro propio cuerpo). Como es tradicional en los estudios sobre el funcionamiento de la mente humana, una buena parte de lo que sabemos sobre ella se ha conseguido gracias a enfermedades que afectan a distintas áreas del encéfalo y cuyos efectos resultan sorprendentes, como la (disculpad de antemano) heminegligencia sensorial contralateral que provoca que los pacientes no sean conscientes de una mitad de su cuerpo. También habla Morgado de experimentos alucinantes sobre sujetos sin ningún trastorno, como el experimento de Ehrsson, capaz de hacer que una persona sienta que su cuerpo se traslada a una muñeca Barbie.
Sin embargo, es la parte inicial del libro la que a mi entender resulta más estimulante. Bajo el sugerente título La naturaleza de la mente consciente el autor nos hace reflexionar sobre la emergencia de la consciencia, de la mente, del "pienso luego existo", a partir de la labor cooperativa de las neuronas. Trocito de universo reflexionando sobre sí mismo, casi nada.
Morgado cuenta las cosas de una manera muy sencilla de seguir, y quizá por eso se le han colado algunos deslices mínimos como lo de "alguna especie infrahumana" (p.59) que parece que va en la línea de poner al Homo sapiens en la cúspide de la evolución, algo ya superado. La misma idea transmite con "hay al menos tres especies animales que parecen reconocerse en un espejo: los chimpancés, los delfines y también los elefantes" (p. 60). Doy por supuesto que el autor sabe que la especie humana está encuadrada en el reino animal y que sus individuos suelen reconocerse en el espejo.
También parece asumir como válido un hecho que quizá cabría clasificar como leyenda urbana: "Las mujeres que conviven estrechamente en un mismo lugar durante un tiempo suficiente, mutuamente influidas por sus respectivas feromonas y sin que sean necesariamente conscientes del olor de las mismas, pueden llegar a sincronizar sus ciclos menstruales" (p.93-94). Idea esta, la de la sincronización de las menstruaciones, que parte de un estudio poco fiable de Martha McClintock publicado en Nature en 1971.
De cualquier manera, un libro más que recomendable como iniciación al conocimiento de la mente, producto de la que quizá sea la estructura más compleja que existe.

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