viernes, 28 de febrero de 2014

El zafiro de mar, un bichito maravilloso

El zafiro de mar (género Sapphirina) es un pequeño crustáceo de la subclase de los copépodos que tiene una hermosa peculiaridad: cuando se deja ver, brilla con un bonito tono azulado. A veces se agrupan en cantidades inmensas y entonces el océano brilla como si estuviera cuajado de diamantes. Los pescadores japoneses de antaño se referían a este fenómeno como tama-mizu, que significa "el agua de las piedras preciosas". Aquí hay uno de estos bichitos:


Misterioso, ¿verdad? La razón de su belleza estriba (además de en su conducta social) en su extraña piel cristalina:


Solo los machos son portadores de tanta hermosura; las hembras parasitan a las salpas, un grupo de tunicados. Quizá los enormes ojos de las hembras observan desde su refugio el brillo de los machos, buscando al más atractivo de ellos. Pero, ¿cómo hacen para brillar de esa manera?
El truco se revela a escala microscópica. Las placas de sus superficie están separadas una distancia similar a la longitud de onda de la luz azul, de manera que este color se refleja mientras que el resto de colores desaparece por interferencia: esto se conoce como coloración estructural, algo parecido a la iridiscencia de las manchas de gasolina en los charcos. Estos animalillos combinan esta propiedad de reflejar el azul junto con un cuerpo transparente, de ahí lo de "te veo, no te veo".

Vista frontal y lateral de las placas del zafiro de mar.

Termino con un vídeo que se disfruta:


Octopod? Copepod? from liquidguru on Vimeo.

Fuente: Deep Sea News

martes, 25 de febrero de 2014

jueves, 20 de febrero de 2014

Una discusión en Twitter sobre el maíz natural... o no

La cosa comienza con este tweet que lleva una imagen asociada (imagen que encontré en Facebook, compartida por varios de mis contactos):


A @julwiki no parece hacerle mucha gracia. Esta es la conversación que mantenemos:


La primera pregunta parece pedir una aclaración: "¿por no modificado entendemos salvaje?" Como la respuesta es afirmativa, le digo eso de que comamos maíz modificado. Insiste en lo que entiendo es una demanda de más información, cuando dice que si estoy confundiendo domesticación con manipulación genética. Lo de "a apacentar pues hombre" tiene tintes de educación de segunda división B. Como no quiero bajar a esos niveles trato de aclararle que sí, que desde que en el Neolítico desarrollamos las tecnologías de la agricultura y la ganadería estamos manipulando inconscientemente el material genético de nuestros cultivos y nuestros animales de granja, lo que ya he contado en alguna ocasión y que os enlazaré un poco más abajo. A partir de aquí Don Raúl baja de categoría cívica, me mezcla con Monsanto (no sé por qué, era de esperar), da a entender que vivo en la Prehistoria y que mi objetivo es "magufear". Reconozco que mi respuesta ha sido un tanto dura, pero es que me estaba buscando la boca...
Los dos siguientes tweets los ha puesto en su TL sin que formaran parte de la conversación pero dirigidos evidentemente al abajofirmante:

Bien, cada uno en su sitio.
En fin, quizá la cosa parte de un equívoco relacionado con la expresión "Organismo Genéticamente Modificado" (OGM). Según Santa Wikipedia un OGM es "un organismo al cual su material genético ha sido alterado usando técnicas de ingenieria genética". Y añade:  "la definición estadounidense incluye igualmente las modificaciones realizadas mediante la selección artificial".
Por partes. Si os fijáis en el tweet desencadenante no aparece GMO (que serían las siglas en inglés) sino GM. Falta la O de organismo. Sutil, lo acepto. Pero de cualquier manera el maíz es un organismo modificado genéticamente (no un transgénico, aunque también hay maíz transgénico). La foto de la espiga flacucha de la izquierda es de teosinte, el antepasado silvestre de los maíces cultivados, propio del sur de Norteamérica y que por lo que sé, no se lo come nadie en la actualidad. El maíz cultivado, después de miles de años de selección artificial no puede existir en la naturaleza, como contaba en el post La gallina y otros monstruos y que recomiendo que leáis:

"El maíz, con su mazorca aberrante porque de ella no hay manera que se suelten las semillas, cuando uno de sus objetivos, además de atesorar un embrión en su interior, es dispersarse. Sin la ayuda humana en la siembra el maíz se extinguiría en un pispás: aunque las mazorcas caigan al suelo y algunos granos logren brotar, las plantitas nacen débiles y mueren casi sin remedio por simple competencia. Un ser tan diferente de la versión silvestre, el teosinte, que este solo pudo encontrarse a partir de análisis genético".

Las características interesantes del maíz, como el hecho de que no caigan los granos o que la espiga sea tan generosa, forman parte de su fenotipo. Es esto, el fenotipo, lo que generaciones y generaciones de agricultores americanos primero, y de todo el mundo tras la llegada de los europeos al continente americano, han ido seleccionando. Al seleccionar el fenotipo, sin saberlo, estaban seleccionando genotipo, es decir genes concretos, en muchos casos mutaciones que muy posiblemente (caso de la imposibilidad de dispersar la semilla) la selección natural hubiera desechado. Solo la selección artificial es capaz de crear estos organismos con un genoma modificado en ese sentido.
Selección artificial... tecnología genética. Inconsciente durante la mayor parte de la Historia, pero tecnología, al fin y al cabo. Precisamente en torno a esta idea escribí hace no mucho tiempo en Naukas un artículo titulado Genética, la tecnología que precedió a la ciencia, de la que entresaco este fragmento:

"Los ganaderos siempre han seleccionado machos y hembras con las características deseadas para que las transmitieran a la descendencia. Los agricultores no podían hacer eso hasta hace relativamente poco tiempo, porque la reproducción vegetal les resultaba misteriosa. No podían seleccionar una planta masculina y una planta femenina, pero eso no fue ninguna traba para la mejora genética de las especies cultivadas. Los agricultores seleccionaban embriones en forma de semilla".

También os recomiendo su lectura y hago extensiva la invitación a @julwiki si ha venido a este post y ha aguantado hasta aquí. Un saludo a todos y especialmente a él.

Actualización:
Al poco de publicarse este post @julwiki ha tenido un gesto que escasea en el mundo de las redes sociales, un gesto que le honra y que merece todo mi respeto. Chapeau:


miércoles, 19 de febrero de 2014

Estamos rodeados de basura, también en el espacio

No es poca la basura espacial, considerando que no hace mucho tiempo, en 1957, los soviéticos ponían el primer artefacto en órbita, el Sputnik: según estimaciones de la ESA (Agencia Espacial Europea), los desperdicios que orbitan nuestro planeta son unos 29 000 fragmentos de más de 10 cm, 670 000 mayores de 1 cm y más de 170 millones de 1 mm o más. Algunos de estos trozos de chatarra viajan a más de 56 000 km/h. Más aún:
"Cualquiera de estos objetos puede dañar una nave espacial operativa", dice Heiner Klinkrad, encargado de la Space Debris Office de la ESA.
"Una colisión con un objeto de 10 cm resultaría en una fragmentación catastrófica, un objeto de 1 cm podría dejar fuera de servicio una astronave de tamaño medio o atravesar los escudos protectores de la Estación Espacial Internacional, y uno de 1 mm podría destruir los sensores de un satélite".
En total, unas 6 300 toneladas de basura espacial. Cada año, entre 100 y 150 toneladas entran en la atmósfera, y la mayor parte se desintegra. Pero la cosa va in crescendo:

(Imagen: ESA)
 ¿Hay solución? Al menos hay propuestas para evitar el síndrome de Kessler: el escenario en que la cantidad de basura espacial impida cualquier lanzamiento al espacio debido al alto riesgo de fragmentación; desde satélites con ganchos para atrapar los restos y lanzarlos hacia la atmósfera para su incineración hasta recolectores para reutilizar en lo posible la chatarra.
De cualquier manera, apliquemos la máxima aquella que dice que "no es más limpio quien más limpia, sino quien menos mancha". Incluso en el espacio.





viernes, 14 de febrero de 2014

El barómetro, Torricelli y el libro de texto equivocado

(Supongo que no hace falta esta aclaración, pero por si acaso ahí va. Un barómetro es un aparato que mide la presión atmosférica).
Esta imagen está tomada del libro de texto que utilizo en mis clases de Física y Química de 4º de E.S.O. Atención al pie de foto, donde podemos leer "los barómetros de mercurio..."


El artefacto de la imagen, con una estética más que dudosa, está compuesto por, de arriba a abajo:
Uno. Un higrómetro (mide la humedad relativa del aire), aunque no puedo asegurarlo. La imagen original es borrosa en esa zona. De cualquier manera, no tiene importancia porque lo que importa está en los otros dos componentes.
Dos. Un termómetro (mide la temperatura; ya, ya sé que esto lo sabéis todos), graduado en ºC, en el que se aprecia un líquido rojo en su interior. Probablemente, alcohol con colorante.
Y tres. Un barómetro, sin ninguna duda, en el que la aguja apunta a "Variable".
¿Veis dónde está el error? Se reparte entre los elementos dos y tres. Empecemos por el tercero, el barómetro. Que lo es, pero no de mercurio. Es un barómetro metálico, similar al que encontramos en la misma página del libro:


Los barómetros metálicos funcionan como los matasuegras, esas trompetillas de papel que se desenrollan cuando soplamos:


El barómetro metálico, como el matasuegras, tiene un tubo enrollado en espiral que se deforma con los cambios de presión; la deformación se manifiesta con la indicación de la aguja. Hay distintas unidades de presión. La del Sistema Internacional es el Pascal, Pa; sin embargo, el de la foto superior está graduado en milímetros de mercurio, una medida clásica derivada del experimento de Torricelli que comento más abajo. Aquí está el interior de uno de estos aparatos, imagen de la misma página:


El segundo de los componentes, el termómetro, no es un barómetro, por supuesto. ¿Por qué lo incluyo en el error del libro de texto? Porque un barómetro de mercurio se parece bastante a un termómetro. Sobre todo si el termómetro es de mercurio, no como el de la foto de arriba que para más inri, es de alcohol. Esto es un barómetro de mercurio, basado en el experimento de Torricelli (a la derecha hay un termómetro):


El experimento de Torricelli, que viene explicado en el libro en cuestión, es uno de los experimentos más bonitos de la historia de la ciencia, en mi humilde opinión. Por su sencillez y porque el genial italiano mató dos pájaros de un tiro: no solo demostró la existencia de la presión atmosférica sino que, además, determinó su valor. Para ello llenó con mercurio un tubo de vidrio de algo así como un metro de largo; tapó con el dedo el extremo abierto, giró el tubo y sumergiendo ese lado en una cubeta con mercurio, retiró el dedo. El mercurio se fue vaciando en la cubeta... hasta que dejó de hacerlo. En ese momento la altura del mercurio del tubo sobre el nivel de la cubeta era de 760 milímetros (esa es la altura promedio que alcanza el mercurio sobre el nivel del mar; aquí nace el mm Hg como unidad de presión). Esta es la imagen con que el libro ilustra el experimento:


Fijaos en que el punto situado en el interior del tubo al mismo nivel que la superficie libre del mercurio en la cubeta y esta superficie están a la misma presión, ya que el sistema está en equilibrio. De no ser así habría un flujo de líquido del punto de mayor al de menor presión. El del interior del tubo sufre una presión causada exclusivamente por la columna de mercurio sobre él, de 760 mm; sobre él, vacío. Podemos calcular la presión a esta profundidad en mercurio con el principio fundamental de la estática de fluidos, que consiste en multiplicar profundidad por densidad y por el valor de la gravedad terrestre: P = h·d·g
En unidades del Sistema Internacional (no pudo usarlas Torricelli), la profundidad es de 0,760 m, la densidad del mercurio es 13 600 kg/m3 y la aceleración de la gravedad es 9,8 m/s2. Multiplicamos esos valores y obtenemos un valor de presión de 101 300 Pa.
Esa es la presión en la base de la columna de mercurio. Pero hemos dicho que es la misma que la de la superficie libre del mercurio de la cubeta, que está sometido a la presión atmosférica: esta tiene el mismo valor, 101 300 Pa (como os decía, con el experimento de Torricelli por un lado se demuestra la presión atmosférica y por otro se halla su valor).
Dicho de otro modo: si la densidad de la atmósfera fuera la misma que la del mercurio, la atmósfera tendría un espesor de 76 cm.
En fin, que gracias a un error en el libro de texto hemos aprendido un poquito sobre barómetros, presiones y sobre el genial experimento de Torricelli. Bien está.

martes, 11 de febrero de 2014

Artículo de Carl Sagan en el periódico de su instituto

"El espacio, el tiempo y el poeta" es el título del artículo que el genial divulgador escribió en 1950 para el periódico de Rahway High School, donde estaba matriculado; Carl Sagan ya apuntaba maneras:


Y aquí un fragmento del artículo:


¿Queréis otro documento de la juventud de Sagan? Pues ahí va un vídeo, conservado en la Library of Congress, con grabaciones de su infancia, casi nada; comienza tocando el piano pero no subáis la voz, que son mudas.


Estos y otros archivos de aquella época los podéis ver en Gizmodo, donde llegué vía It's Okay To Be Smart.

lunes, 10 de febrero de 2014

¿Quieres dibujar una elipse? Aquí tienes cuatro métodos

Como sin duda recuerdas de tus clases de matemáticas, una elipse es el lugar geométrico de los puntos del plano cuya suma de distancias a dos puntos fijos llamados focos permanece constante. Si seguimos esta definición al pie de la letra tenemos el método del jardinero, el más conocido para dibujar correctamente una elipse; yo las hago así en la pizarra, con una cuerda y dos colaboradores sujetando los extremos:



Hay otras formas de dibujar una elipse. Esta es la elipse de Van Schooten:


La elipse como un caso especial de hipotrocoide:

 Y el compás de Arquímedes:


(Vía Physicists Need Love Too)

jueves, 6 de febrero de 2014

Un ¿camello? en el ojo de la aguja

Seguramente no es un camello, pero si lo fuera sería una imagen muy similar. Es un embrión (la fuente, desgraciadamente, no indica la especie) en el ojo de una aguja; el color es añadido. Si el embrión fuera humano, el aspecto sería similar. Una imagen impactante, ¿no os parece?.


(Lo vi en el muro de Facebook de Biology101.org)

martes, 4 de febrero de 2014

El error del pavo inglés


El error del pavo inglés. Menudo título, ¿verdad? Seguramente estaréis pensando que se trata de un libro  de humor, y os estaréis equivocando. A pesar de que está salpicado de buenas dosis de humor, como tiene que ser, es un libro de divulgación científica. Entonces... ¡sobre etología!, será vuestra nueva apuesta (ya, no la de todos, sólo la de aquellos que sepáis qué es la etología: el estudio del comportamiento animal en su medio). Error, de nuevo. O quizá no, porque el gran Antonio José Osuna, aka BioTay, ha escrito un libro sobre el comportamiento humano, más en concreto sobre la mente, sobre la forma que tenemos de vernos a nosotros mismos. Humano, decía, y por tanto animal, pues uno de los objetivos del libro es ponernos la zancadilla para que caigamos de ese pedestal -o escalera de cristal, como bien señala BioTay- del que tan difícil se nos hace bajar. De la pretensión de que entre nuestra especie y las demás hay diferencias insalvables. El estudio de lo que son capaces de hacer nuestros parientes cercanos los primates, pero también cetáceos o aves nos demuestra que esa forma de pensar es un error como el del pavo inglés.
El subtítulo del libro -“un pavo real enamorado nos regala las respuestas que siempre hemos estado buscando”- nos da las pistas al contenido de la obra: a partir de un episodio en que un pavo real macho quedó prendado de una gasolinera en Inglaterra, BioTay nos sumerge en nuestra propia mente. La manera en como captamos el mundo -que no coincide con la manera como es el mundo, lo que nos parece no deja de ser nuestra propia percepción-; la vida, tan difícil de definir; la conciencia; nuestro encaje entre el resto de los animales...
Un ensayo apasionante sobre nosotros, sobre la especie humana pero fundamentalmente sobre el individuo humano. Sobre la naturaleza más íntima del soberbio Homo sapiens, del que dice:

"Ahora sabemos que somos animales, que nuestra preciosa escalera de cristal era ficticia".

Un libro de divulgación imprescindible, del que además de su "tema principal" aprenderéis mucho más, pues BioTay es un cicerone al que le encanta llevarte al destino dando un rodeo, para mostrarte un montón de cosas fascinantes que aparentemente, pero solo aparentemente nada tienen que ver con la mente humana. Para disfrutar.

El error del pavo inglés
Antonio José Osuna Mascaró
Editorial Universidad de Granada
270 páginas
ISBN: 8433853732 ISBN-13: 9788433853738