martes, 2 de febrero de 2016

Una ilusión óptica alucinante con fondos astronómicos

Ahí tenéis una de esas ilusiones ópticas de esas que te hacen "alucinar". En cada caso, mira fijamente al centro de la espiral durante 20 segundos, y después mira la imagen astronómica de debajo:







Lo encontré en Sagan*Sense.

viernes, 29 de enero de 2016

Cuando los pollos se "desdomestican"

Un gallo asilvestrado en Hawái
Los pollos hawaianos son el sujeto de estudio del neurocientífico Rie Henriksen y del experto en genética y evolución Dominic Wright, de la Linköping University de Suecia. Y a esas hermosas islas del Pacífico se han desplazado, con una moderna equipación a base de drones, trampas, cámaras térmicas y aparatos propios de un laboratorio de biología molecular.

"No los mires directamente, o sospecharán", le dice Rie a Dominic mientras circulan con su coche alquilado por entre una docena de gallos y gallinas que picotean en el aparcamiento de un lugar turístico. En un momento dado, Wright tira de una cuerda y activa el resorte de una trampa que se cierra sobre una hermosa gallina.

¡Que te atrapo! Ups...
Se encuentran en el entorno de las cataratas Opaekaa...

Sigue leyendo:
Cuando los pollos se “desdomestican”, en Naukas.

viernes, 22 de enero de 2016

¿Tienes un dólar? Tienes un microscopio

Para obtener imágenes como estas:


Eso sí, lo tienes que montar con tus manitas. Mira, mira el vídeo, y si te gusta aquí tienes la web de foldscope, que ese es su nombre:

jueves, 21 de enero de 2016

El árbol evolutivo... de los cuentos de hadas

Jack y las habichuelas mágicas
¿Hadas? ¿En este blog? Pues sí, por una vez voy a hablaros de hadas, o de cuentos de hadas (cuentos infantiles, para ser más exactos, los fairy tales de los ingleses) porque alguien ha hecho un estudio sobre el origen y evolución de estos cuentos utilizando una técnica propia de la biología: la filogenia, que trata de las relaciones de parentesco entre especies.
Unos investigadores de la Universidad Nueva de Lisboa y de la Universidad de Durham han hecho un análisis filogenético de los cuentos infantiles y han averiguado que su origen es muy anterior de lo que se creía hasta ahora. Antropólogos y lingüistas habían establecido su origen en épocas algo anteriores a su publicación por escrito, de manera que tendrían una antigüedad de unos pocos siglos. Sin embargo, este estudio concluye que son mucho más antiguos, y que no tienen unos pocos siglos, sino incluso varios miles de años.
¿Y cómo han llegado a semejante conclusión? Mediante la filogenia, esa técnica tan propia de la biología, que establece las relaciones evolutivas de los seres vivos. En el caso que nos ocupa, y apoyados en las relaciones (también filogenéticas) de las lenguas indoeuropeas (algunas de ellas extinguidas: lenguas muertas), analizaron 275 cuentos que posteriormente redujeron a 76 historias básicas.

La evolución de las lenguas indoeuropeas
El análisis les llevó a la conclusión de que algunas de estas historias, como la de Jack y las habicuelas mágicas, habían hecho su aparición en la época en que el tronco del árbol de las lenguas indoeuropeas se bifurcaba para dar lugar a los actuales grupos de lenguas orientales y occidentales. Eso sucedió hace unos 5000 años, una época en la que la Biblia todavía no había empezado a escribirse. Los márgenes de confianza varían de unos casos a otros, pero de algunos, como el de El campesino y el diablo, tienen una alta certeza de que se remontan hasta hace 6.000 años, en la Edad del Bronce.
Como curiosidad, señalan los autores de este estudio, Wilhelm Grimm, uno de los dos hermanos Grimm, opinaba que los cuentos que recopilaron tenían miles de años de antigüedad, lo que siempre había sido negado por los expertos. Parece que tenía razón...
Lo encontré en Phys Org.

jueves, 14 de enero de 2016

Dad una oportunidad a los feos (a los vegetales feos)

La zanahoria fea. En una sopa, ¿a quién le importa?

Es de agradecer la iniciativa de la cadena de supermercados franceses Intermarché para evitar que las frutas y hortalizas con aspecto grotesco se traten como si fueran desperdicios:

"Anualmente se desechan en todo el mundo más de 300 millones de toneladas de frutas y verduras. La causa principal (el 57% ), su aspecto. Desde que la Unión Europea declaró 2014 Año Europeo contra el despilfarro de los alimentos, Intermarché, la tercera cadena de supermercados de Francia, trata de cambiar la percepción de los clientes para fomentar una actitud más positiva hacia las frutas y verduras 'diferentes'. ¿Cómo? Mostrándoles que, a pesar de su fea apariencia, son tan buenas como cualquiera.

En Intermarché no escatimamos esfuerzos para promoverlas como merecen. Tienen sus propios carteles promocionales, vídeo y campaña en la radio, marca y etiquetados exclusivos... Por último, para que la gente aprecie que tienen la misma calidad que los otros, la cadena ha diseñado y distribuido sopas y zumos de estos productos 'marginados'.

(...) Intermarché compró a los productores las frutas y hortalizas que hasta entonces tiraban, y los puso a la venta un 30% más baratos, lo que sin duda resulta atractivo para el consumidor".

Y ahí va (en inglés), el interesante vídeo promocional:



(Lo vi en ZMEscience).

Actualización:
Me sopla @EDocet que todo esto no deja de ser una genial estrategia de marketing, que lo de que la mayoría de los vegetales que se tiran lo es por ser feos es falso. Ahí os dejo la conversación en twitter, para que conste:




jueves, 7 de enero de 2016

Ya a la venta Más ciencia para Nicolás; introducción y entrevista



Por fin ha salido de la imprenta mi tercer libro, Más ciencia para Nicolás, del que solo puedo decir que espero que lo leáis y que os guste. Y que lo recomendéis. Y que lo regaléis...
Para ir abriendo boca, ahí va la introducción:

"Querido Nicolás:

Diez años han trascurrido ya, cómo pasa la vida, de nuestro Ciencia para Nicolás, y he pensado que es un buen momento para retomar el contacto. Yo sigo en lo mío, de profesor de ciencias de Secundaria en los Escolapios de Tafalla, tratando de demostrar a la gente joven como tú, además de los contenidos propios de biología, geología, física y química, faltaría más, en qué consiste la ciencia, esa actividad humana que, y cito nuestro primer libro, nos proporciona una forma de pensar racional, que modifica nuestro mundo a pasos agigantados y que, además, es bella.


Entonces te comentaba que no era mi intención divulgar conocimientos científicos. En esta ocasión, ya ves tú, me ha apetecido hacerlo. Verás que lo que te cuento es una minúscula selección de lo que a comienzos del tercer milenio hemos llegado a saber sobre nosotros, presuntuosos homínidos (aunque con algo de razón, ¡qué caramba!), sobre las especies que nos acompañan en nuestro planeta, sobre el universo… Selección que encontrarás en los capítulos 7, 8 y 9, titulados respectivamente “La materia”, “La vida maravillosa” y “Nosotros los humanos”.


Pero eso es sólo una parte de lo que te quiero contar. No voy a dejar a un lado, tampoco ahora, el hecho de que la ciencia no sólo debe entenderse como el conjunto de conocimientos adquiridos con ella, sino que se trata del mejor método —qué digo el mejor, el único del que disponemos— para averiguar cómo es el mundo que nos rodea y tratar de descifrar la naturaleza. Con la mayor certeza posible, pero asumiendo con humildad que dicha certeza no es absoluta, como bien sabes. Por supuesto, estaría de más volver a contarte en qué consiste el método científico o volver a darte la tabarra con las unidades o con las diferentes formas de obtener y organizar los datos, y cómo con ellos se puede llegar a establecer las leyes científicas, así que no lo haré.


Te contaré cosas sobre la ciencia, pero sin olvidar en ningún momento que la inspiración la he obtenido casi siempre durante las clases. Por eso encontrarás en el capítulo 1, bajo el título “¿Demasiado difícil?”, una serie de reflexiones sobre la presunta dificultad (a lo mejor me he pasado con lo de presunta, pero tampoco es para tanto) de las materias científicas, sobre lo acertado del método científico o sobre lo que, gracias a la ciencia, podremos llegar a descubrir o todo lo contrario... Insisto: han sido adolescentes como tú quienes me han obligado a reflexionar sobre la manera en que os entra la ciencia en vuestras cabezas. Así que aprovecho la ocasión para mostrar mi más sincero agradecimiento a todos los chicos y chicas a los que el destino ha puesto en mis clases desde hace ya un par de decenios. Estoy absolutamente convencido de que sin su constante estímulo yo sería menos sabio o, mejor dicho, más ignorante. Sin ellos, ni el libro que ahora tienes en tus manos, ni Ciencia para Nicolás, se habrían escrito nunca.


Por supuesto, como no hay ciencia sin sociedad, y me atrevería a decir que viceversa, y como por desgracia ambos no siempre forman un matrimonio bien avenido, la mayor parte del libro que tienes en tus manos —el eje vertebrador, por así decir— es la relación entre la ciencia y la sociedad, que somos todos. El capítulo 2, “Cosas de la sociedad”, es el más específicamente destinado a este objetivo. La mayor parte de lo que en él encontrarás, por no decir todo, son opiniones personales y como tales deberías leerlas. Si estás de acuerdo, estupendo; si no es así, estupendo también. Estás en todo tu derecho, faltaría más.


Se me ocurrió escribir el capítulo 3, “Lo he leído en el periódico”, un día que estaba haciendo limpieza en los cajones. Encontré una vieja carpeta de cartón azul que hacía mucho tiempo que no veía. En ella había un puñado de recortes de periódicos y revistas en los que había encontrado algún error relativo a la ciencia. Algunos de esos errores, junto con otros más recientes, los destripo en este capítulo; por supuesto, quien está equivocado puedo ser yo y en todos los casos asumo la responsabilidad. De cualquier manera, te invito a que leas este capítulo con la finalidad de aprender de los errores pero, sobre todo, de comprobar que el tratamiento que los medios de comunicación hacen de las cuestiones científicas es, desgraciadamente y sin ánimo de generalizar, bastante poco cuidadoso.


Como me conoces bien, sabes que una de mis obsesiones es denunciar, aunque sólo escribiendo sobre ello, las charlatanerías, los engaños, los robos a mano armada que, bajo la pretensión científica, esconden las pseudociencias. En la mayor parte de los casos, para más inri y para sonrojo de los poderes públicos, estas son legales o habitan en el limbo de la alegalidad. Claro que encontrar una cara colorada entre la clase dirigente, por esta o por cualquier otra metedura de pata, es algo más esquivo que el caldero de oro al final del arco iris...


En el capítulo 5, “Ni medicinas ni alternativas”, podrás leer algunas historias cuyos protagonistas han sido puestos en su sillón con el voto ciudadano. En este capítulo tiene un lugar destacado la homeopatía, posiblemente la más extendida de las pseudomedicinas, con esa lamentable pátina de respetabilidad que le otorgan los colegios de médicos y farmacéuticos, su ubicuidad en las farmacias e incluso el respaldo de algunas universidades. Lo que me sigue pareciendo increíble, ya que comparte con el resto de las mal llamadas terapias alternativas su absoluto desprecio por los conocimientos actuales y su fundamento puramente mágico. Además de las pseudomedicinas, hay otras pseudociencias y no puedo evitar denunciarlas en el capítulo 6, “Más charlatanerías”, donde repaso algunas de ellas, como el creacionismo, la astrología o ciertas ideas delirantes del movimiento de la Nueva Era.


El capítulo 10, que cierra el libro, es “Sin ciencia no hay cultura”. Ya sé que en Ciencia para Nicolás saqué el tema a relucir, pero me vas a permitir que lo diga todavía más alto: ¡SIN CIENCIA NO HAY CULTURA! Todavía hay muchos que presumen, craso error, de su cultura a la vez que dicen, como si se tratase de un valor añadido, que, como son “de letras”, no tienen por qué saber gran cosa de ciencias… Para ir abriendo boca y para que compruebes que no exagero, comienzo el capítulo haciendo un breve análisis de un libro superventas que trata precisamente de la cultura, de “todo lo que hay que saber”.


Conforme leas Más ciencia para Nicolás te irás dando cuenta de que en todos los capítulos podría haberte hablado de muchas otras cosas: por supuesto, la selección de los temas que trato es completamente personal y bien podría haber sido distinta. También el enfoque que de ellos hago es personal, como no podía ser de otra manera. De todas formas, si con esta selección consigo mantener tu curiosidad hacia la ciencia y sus implicaciones, mi objetivo está conseguido.


Por cierto, hacia la mitad del libro he querido intercalar un capítulo que viene a ser una especie de recreo, por si se te hacía pesada la lectura; va de errores pero quiero que quede impregnado de cariño. A nadie nos gusta equivocarnos, y supongo que tú no serás una excepción. Incluso nos duele más, en muchas ocasiones, tener que reconocer que hemos cometido un error que el error en sí mismo. Somos humanos, Nicolás, y nadie es perfecto... Este capítulo 4, “Mis exámenes”, trata de errores que he ido coleccionando durante muchos años conforme corregía exámenes de ciencias de mis clases. Quizá pienses que qué morro tengo al poner errores ajenos y no los propios, y te doy toda la razón; pongamos que mis errores, aun siendo más graves, son sin lugar a dudas menos divertidos que los que he copiado para el capítulo. Y pongamos que yo también soy humano...


Por supuesto, no se trata de hacer burla de nadie, ni mucho menos. Ya en Ciencia para Nicolás añadí una muy breve selección de disparates de examen y parece que arrancó alguna sonrisa, así que he pensado que bien podemos ampliarla en este libro. Con un doble objetivo: el primero, arrancarte una sonrisa, otra vez, y el segundo, que de paso recuerdes algunas cosas que has visto en tus clases.


Tengo que señalar que, por unificar la manera de presentar tan pintorescas respuestas, he puesto delante de ellas unas preguntas que no son necesariamente iguales a las que aparecían en los exámenes. En general se trataba de preguntas más largas, lo mismo que las respuestas. Estas también son un fragmento de ellas, pero las he mantenido completamente literales (con la salvedad de las correcciones ortográficas pertinentes).


No esperes que te diga en qué se equivocaron quienes contestaron esas perlas porque la cosa pierde todo su encanto. Sería algo así como explicar un chiste. Y además, confío en que no lo necesites. De cualquier manera, si alguna respuesta no te parece desafortunada, toca ponerse a repasar. O mejor no, toma este capítulo como un rato de relajación.


Casi se me olvida. Aunque las respuestas no son mías sino de mis alumnos —de una pequeña parte de ellos, eso sí—, debo admitir que yo y sólo yo soy el principal responsable de ellas. Qué digo responsable: culpable. Así que, a pesar de lo que te he dicho algo más arriba, los errores que aparecen en este capítulo (los de los demás capítulos también) son mis errores.


Espero que disfrutes de Más ciencia para Nicolás.


Un abrazo".


Además os pongo un podcast en el que Marta Echeverría, presentadora del programa 'Hoy empieza todo' de Radio 3, Serafín Senosiain, alma mater de Laetoli y este servidor charlamos sobre Más ciencia para Nicolás y sobre la Editorial Laetoli. La primera entrevista sobre mi tercer libro:



Ya a la venta en las mejores librerías y en la web de Editorial Laetoli.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Marte está bien, pero la Tierra mucho mejor

Y bien claro lo expone Lucianne Walkowicz en esta interesante charla TED. Lucianne trabaja en la misión Kepler de la NASA, cuyo objetivo es la búsqueda de planetas habitables. Sabe bien, por tanto, de lo que habla: