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jueves, 28 de marzo de 2019

Dos matemáticos muy listos (La solución)

Ayer os propuse resolver esta adivinanza:

Érase una vez un rey que vivía en un país muy lejano que estaba muy enfadado con dos matemáticos. Quizá eran dos profesores que había tenido de niño y no guardaba muy buen recuerdo de ellos...

Fuente

En fin, que Su Graciosa Majestad decidió vengarse de ellos. Los encerró en las dos torres de su reino más alejadas entre sí. Cada mañana, el guardián de cada torre lanzaría una moneda mostrando el resultado al prisionero. Y cada prisionero tenía que adivinar el resultado del lanzamiento en la otra torre. Si al menos uno de los dos acertaba sobrevivirían esa jornada. Si ninguno de los dos acertaba, serían ambos inmediatamente ejecutados. El rey, que era malo malísimo, estaba seguro de que en pocos días se habría librado para siempre de los dos indeseables.

Pero los dos matemáticos, que como es de suponer, eran muy listos, lograron hablar unos instantes entre ellos antes de ser definitivamente separados y acordaron un sencillo plan que les permitió mantenerse indefinidamente a salvo. ¿Adivinas cuál es el plan?

(Fuente)

Como lo prometido es deuda, ahí va la solución (dale al cursor hacia abajo un poquito, por favor):






























Uno de los dos, llamémosle el matemático A, tenía que decir que en la otra torre había salido su mismo resultado. El otro, el matemático B, que en la torre de su amigo había salido lo contrario que en su caso.

Para que lo veáis: o los dos lanzamientos son iguales (cara y cara o cruz y cruz) o bien son opuestos (cara y cruz o cruz y cara). El prisionero A, que dice que el lanzamiento en la otra torre es el mismo que el suyo, juega con la opción de que los dos lanzamientos son siempre iguales. El prisionero B, que opta por que el lanzamiento en la otra torre es el opuesto al suyo, juega siempre con la opción de que los lanzamientos son diferentes. Es evidente que los lanzamientos coinciden o no coinciden; no hay otra posibilidad. Entre los dos se aseguran la respuesta correcta todos los días.

Y si todavía no lo veis, ahí van todas las posibilidades tal y como acuerdan los prisioneros:

Prisionero A: sale cara, dice cara.
Prisionero B: sale cara, dice cruz.
El prisionero A acierta.

Prisionero A: sale cara, dice cara.
Prisionero B: sale cruz, dice cara.
El prisionero B acierta.

Prisionero A: sale cruz, dice cruz.
Prisionero B: sale cara, dice cruz.
El prisionero B acierta.

Prisionero A: sale cruz, dice cruz.
Prisionero B: sale cruz, dice cara.
El prisionero A acierta.

¿Ya?

miércoles, 27 de marzo de 2019

Dos matemáticos muy listos (Adivinanza)

Érase una vez un rey que vivía en un país muy lejano que estaba muy enfadado con dos matemáticos. Quizá eran dos profesores que había tenido de niño y no guardaba muy buen recuerdo de ellos...

Fuente

En fin, que Su Graciosa Majestad decidió vengarse de ellos. Los encerró en las dos torres de su reino más alejadas entre sí. Cada mañana, el guardián de cada torre lanzaría una moneda mostrando el resultado al prisionero. Y cada prisionero tenía que adivinar el resultado del lanzamiento en la otra torre. Si al menos uno de los dos acertaba sobrevivirían esa jornada. Si ninguno de los dos acertaba, serían ambos inmediatamente ejecutados. El rey, que era malo malísimo, estaba seguro de que en pocos días se habría librado para siempre de los dos indeseables.

Pero los dos matemáticos, que como es de suponer, eran muy listos, lograron hablar unos instantes entre ellos antes de ser definitivamente separados y acordaron un sencillo plan que les permitió mantenerse indefinidamente a salvo. ¿Adivinas cuál es el plan?

(Fuente)

La respuesta, mañana. Mientras tanto, no publicaré comentarios.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Una de cada dos británicas no sabe dónde tiene la vagina

Increíble, ¿verdad? Pues eso es lo que se desprende de un estudio relacionado por la asociación contra los cánceres femeninos The Eve Appeal. En concreto, la mitad de las mujeres con edades comprendidas entre los 26 y los 35 años no supo localizar la vagina en un diagrama como este donde se muestra el aparato reproductor femenino:

Este es el diagrama con la respuesta correcta. Se les mostró cuatro más.
Sin embargo, la mayoría de las mujeres de entre 66 y 75 años resolvió el "complicado" acertijo. No sé, yo diría que algo se ha hecho mal en lo relativo a la educación sexual en los últimos años. Al menos, en nuestro vecino del norte.
Para más inri, las mujeres que participaron en el estudio no eran conscientes de su ignorancia: menos de la cuarta parte sentía que no había sido bien informada sobre la anatomía femenina ni sobre problemas de salud femenina.
Quizá más preocupante que la falta de conocimientos (que se extienden también al reconocimiento de los síntomas de cánceres ginecológicos) es la actitud de dichas mujeres frente a su cuerpo: un tercio de las jóvenes de 16 a 35 años evitan ir al médico incluso cuando tienen problemas ginecológicos. Por vergüenza, así de simple. Fijaos en el siguiente dato: las palabra 'vagina' y 'vulva' les resultan incómodas a la mayoría, hasta el punto de que el 40 % de las encuestadas (¡menores de 35 años!), prefieren usar eufemismos como "partes íntimas". Ni siquiera se sienten especialmente cómodas entre ellas: la mitad dijo que evita hablar con sus amigas de asuntos ginecológicos.
La ignorancia y la vergüenza forman un cóctel mortal. Así se expresa Helena Morrisey, de The Eve Appeal:

"Es muy importante dar a conocer los síntomas de los cánceres ginecológicos,
y esta encuesta ha puesto de manifiesto que queda mucho que hacer para conseguirlo. Estos cánceres son especialmente graves, con una tasa de mortalidad en torno al 40 %.
Conocer los síntomas salva vidas".

Siglo XXI, Europa Occidental.
Lo he visto en The Telegraph.

jueves, 10 de julio de 2014

Neurozapping, conocer el cerebro a través de las series de la tele

No es este el primer libro que reseño de José Ramón Alonso. Ya os hablé por este blog sobre La nariz de Charles Darwin y otras historias de la neurociencia, que es un libro para disfrutar; al enlace os remito.
José Ramón es biólogo (hay quien dice que la biología no es un área, sino una hectárea), y su campo de investigación es la plasticidad neuronal; además es director del Laboratorio de Plasticidad Neuronal y Neurorreparación del Instituto de Neurociencias de Castilla y León, así que nos encontramos con una de las personas que más saben sobre el cerebro en España. Pero eso no es todo: le encanta contarnos cosas sobre el cerebro y sabe hacerlo de forma que se entienda, lo que se me antoja que no debe ser nada fácil.
En Neurozzaping Alonso aprovecha 21 series de televisión, conocidas por todos, como excusa para dejarnos, otra vez con la boca abierta. Que el cerebro es una cosa muy complicada...
Por ejemplo, The Big Bang Theory. ¿Quién de vosotros no la ha visto? ¿Y quién es el personaje principal? Exacto: Sheldon Cooper, con su impresionante colección de rarezas. Aquí tenemos el primer capítulo, donde en un puñado de páginas, y analizando al inefable personaje, Alonso nos destripa algunas de las peculiaridades de las personas afectadas por el síndrome de Asperger, trastorno con el que los guionistas de la genial serie han caraterizado a Sheldon.
El resto de los capítulos siguen la misma línea: una serie, una peculiaridad del asiento de la mente: Los Simpson y el síndrome de Tourette, Mad Men y el donjuanismo, House y la mentira, Malcolm y los niños superdotados...
Como os decía, divulgación divertida sobre la mente que, personalmente, no he terminado. De momento me he leído los capítulos que se basan en las series que he visto; las pocas que todavía no, ya ves, me propongo verlas antes de atacar los capítulos correspondientes. Vosotros lo leéis como os plazca, pero hacedme caso: leedlo, que os va a encantar.

Neurozapping. Aprende sobre el cerebro viendo la televisión.
Ed. Laetoli
Colección Las dos culturas, 22
169 páginas
ISBN: 9788492422739
En Editorial Laetoli

lunes, 2 de junio de 2014

Los libros de autoayuda ¡vaya timo!

El pasado viernes estuve en la Plaza del Castillo de Pamplona, ese magnífico salón de estar de la capital Navarra, donde se está celebrando la XIII Feria del Libro. Hacía pocos días que había terminado de leer Los libros de autoayuda ¡vaya timo!, así que me fijé especialmente en los títulos expuestos. No me sorprendió encontrar que una parte importante de ellos fueran libros de ese género tan de moda desde hace unos años, el de la autoayuda. El autor de este excelente ensayo, Eparquio Delgado, lo comienza sugiriendo al lector a que entre en la librería más cercana, donde casi con total seguridad va a encontrar, entre las novedades, "algunos de esos libros que suelen formar parte del género de autoayuda,  donde autores de todo tipo nos ofrecen sus fórmulas para conseguir la felicidad, el bienestar, la solución a problemas psicológicos o económicos y el desarrollo personal, aunque no sepamos exactamente qué significa esto".
Eparquio analiza exhaustivamente los contenidos de los libros de autoayuda, un cajón de sastre de consejos muy variados, pero que a pesar de ello tienen mucho en común. Y lo que tienen no es nada bueno, nos advierte. Por ejemplo, que no hay pruebas concluyentes de que sean eficaces, a pesar de que mucha gente afirma eso de que "a mí me funciona". En este sentido, su presunta eficacia es pariente de la de las pseudomedicinas, ya que se conjugan fenómenos que van desde el efecto placebo hasta la regresión a la media, pasando por la falsa relación causa-efecto. También como con estas, no es en absoluto recomendable tratar de solucionar un problema, sea afectivo, económico, de salud... -todo lo que nos importa y que puede irnos mal tiene remedio para los gurús de la autoayuda- sin contar con la ayuda de un profesional. Como tampoco es bueno que, entre otras cosas, haga del paciente su propio sanador. Peor aún: a pesar del buen rollito que transmiten, estos libros se apoyan en la premisa de que quien tiene problemas es siempre culpable de ellos. Al fin y al cabo, si la actitud positiva es lo que los soluciona, ¿no es menos cierto que son generados por una mala actitud ante la vida?
Eparquio es psicólogo, pero por encima de todo es un enamorado del pensamiento crítico. Militante en Izquierda Unida, no tuvo ningún reparo en presentar en la X Asamblea General de esta coalición una Resolución de rechazo a la homeopatía y el resto de terapias pseudocientíficas, con el argumento de que la sanidad debe fundamentarse en el método científico y en la evidencia. Este gesto (la resolución fue finalmente aprobada, tras un intenso debate) le hizo merecedor del premio Mario Bohoslavsky 2013, que concede ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, organización a la que el abajo firmante se honra en pertenecer. Aquí aparece después de que se aprobara su resolución; debajo, la ficha de su libro:



Los libros de autoayuda ¡vaya timo!

Eparquio Delgado

Colección ¡Vaya timo!, 22
163 páginas
ISBN: 978-84-92422-69-2

En las mejores librerías y en la página web de Editorial Laetoli.

lunes, 31 de marzo de 2014

La ilusión de la mano de mármol


Por mucho que cultivemos el pensamiento crítico, nuestro cerebro es muy crédulo. En unos pocos minutos y con muy poco material, es fácil convencerlo de que uno de nuestros miembros es de goma, o invisible, o que nuestro cuerpo se ha reducido al tamaño de una muñeca Barbie. Todas estas ilusiones son el resultado de la interacción entre el sentido del tacto y el de la vista.
Hay una ilusión muy interesante que es el resultado de combinar vista y oído: cuando algo tocaba sus manos a la vez que escuchaban el impacto de un martillo sobre mármol, los sujetos del experimento llegaron a sentir que sus brazos eran de piedra.
En un experimento previo, el de la ilusión de la mano de goma, publicado en 1998 por los psicólogos Mateo Botvinick y Jonathan Cohen, los sujetos se sientan con un antebrazo apoyado en la mesa oculto a la vista, mientras que se muestra, en paralelo, un brazo de goma:


Un investigador sentado frente al sujeto acaricia con un pincel ambas manos, la de goma y la "real". Como el sujeto ve el pincel acariciando la mano de goma a la vez que siente un pincel en la propia mano, siente la poderosa sensación de que la mano de goma es su propia mano.
Se han hecho muchas variaciones de este experimento, consiguiendo confundir la percepción corporal de maneras tan interesantes como cambiando el tamaño del cuerpo, difuminando los límites corporales o percibiendo los objetos cercanos como mucho más grandes.
"El objetivo de estos experimentos es la 'encarnación'", afirma Irene Senna, psicóloga de la Universidad de Milano-Bicoca. "¿Puede incorporar nuestro cuerpo una parte externa?" Los hallazgos tienen gran interés para amputados y para quienes están aprendiendo a utilizar prótesis. Pero Senna y sus colaboradores se plantearon la pregunta desde una perspectiva algo diferente: en lugar de tratar de convencernos de que una parte inanimada es nuestra, ¿podemos llegar a convencernos de que una parte de nuestro cuerpo está hecha de material inerte?
Siendo italianos, no es de sorprender que eligieran el mármol para sus investigaciones. Trabajaron con 23 sujetos que no podían ver su antebrazo, extendido sobre una mesa, pero sí un pequeño martillo que les mostraba el científico. El dorso de la mano estaba cubierto por una lámina de papel de aluminio unida por un cable al martillo y a un ordenador. Cuando el martillo tocaba el papel de aluminio, se emitía el sonido propio del impacto de un martillo sobre mármol.
El experimento duró unos cinco minutos. Hubo un grupo control que oía el mismo sonido pero desincronizado con el martillo tocando sus manos; un segundo grupo control oía un tono puro, en lugar del martilleo sobre el mármol, en el instante en que el martillo tocaba sus manos.
Antes y después del experimento, los sujetos rellenaron un cuestionario sobre las cualidades físicas de sus manos. En el cuestionario posterior indicaron que sentían las manos rígidas, pesadas, poco sensibles, y menos naturales y algunos dijeron, sin que se les preguntara específicamente, que sentían las manos dormidas. En los grupos control la ilusión no funcionó.
Como en los estudios previos de la ilusión de la mano de goma, este puede ser útil en la invesigación sobre prótesis, para entender de qué manera una persona puede aceptar como propia una extremidad que no está hecha de carne y hueso. Este experimento demuestra, además, que una combinación de sonidos y sensaciones táctiles puede ser suficiente para desencadenar la ilusión.
No queda claro, sin embargo, por qué el cerebro es tan susceptible a este tipo de ilusión, dice Senna. Es evidente que nuestro cerebro necesita estar atento al lugar que ocupan nuestros miembros en el espacio, a su temperatura y a otros valores variables. Sin embargo, la carne es una constante.
"Idealmente sería conveniente que el cerebro no infiriera el material del propio cuerpo. Sin embargo, nuestro estudio demuestra que el cerebro no da por supuesta dicha información".

(Traducido -a mi manera- de Discover Magazine)

lunes, 9 de diciembre de 2013

Genial efecto óptico: los puntos se mueven en línea recta

Gracias a la tendencia que tiene el cerebro humano a agrupar, vemos un círculo girando donde no hay otra cosa que puntos que se mueven en línea recta.



Cada punto efectúa un movimiento armónico simple, con la máxima velocidad en el centro del círculo negro. Un efecto óptico impresionante.
(Vía)

sábado, 15 de junio de 2013

La nariz de Charles Darwin...

... y otras historias de la neurociencia. Ese es el curioso título del último libro de José Ramón Alonso, recién salido del horno.


Un libro muy agradable de leer, uno de esos que si fuera un menú sería un menú largo y estrecho, pero de los buenos. A lo largo de sus 36 capítulos nos encontramos con 36 historias -casi todas ellas con un protagonista humano- que aparentemente nada tienen que ver la una con la otra, salvo por el detalle de que todas giran en torno a sucesos que nos han ido permitiendo conocer poco a poco el software del cerebro, la herramienta con la que tratamos de averiguar qué hay fuera de nosotros (si es que hay algo, con permiso de Platón) y qué puñetas somos cuando miramos en nuestro interior.
Una delicia, como digo, pues en sus algo menos de cuatrocientas páginas nos encontramos con personas que están convencidas de que han muerto (padecen el síndrome de Cotard) y que incluso se están descomponiendo; la modestia y el rigor que ponía Aloysius Alzheimer en su trabajo sobre la terrible enfermedad que lleva su nombre, la relación que hay entre la enfermedad de las vacas locas y el canibalismo ritual que hasta hace no mucho tiempo se practicaba en Nueva Guinea; la historia del hombre que despertó tras diecinueve años en coma; algunos trucos que te ofrece la neurociencia si quieres enamorar a quien te ha enamorado; cómo Otto Loewi descubrió la transmisión química de los impulsos nerviosos gracias a un sueño que no lograba atrapar; las ventajas del altruismo...
Con un estilo claro y no exento de humor, Alonso nos guía por algunos de los episodios de la investigación de la mente humana y su soporte orgánico, el cerebro, del que dice en la presentación:

"En él residen nuestro pasado, nuestra memoria, nuestro presente, nuestra personalidad, ideas y sentimientos, y nuestro futuro, nuestros proyectos, nuestros objetivos, nuestros sueños..."

Divulgación científica de calidad que consiguió el Premio Prisma de los Museos Científicos Coruñeses al mejor libro de divulgación científica el año 2011.

La nariz de Charles Darwin y otras historias de la neurociencia
Autor: José Ramón Alonso
Editorial Almuzara, Córdoba 2013
ISBN: 978-84-15139-85-0

miércoles, 10 de abril de 2013

La paradoja de la sombra

Hay dos principios sobre las sombras:

1.- Las sombras no atraviesan objetos opacos. Tu sombra puede caer en un muro pero no puede atravesarlo.
2.- Para que un cuerpo haga sombra, la luz debe caer sobre él. Si estás en la sombra, no tienes sombra.

De acuerdo, ¿verdad?
Entonces supón que el sol está detrás de ti y hay una mariposa revoloteando delante de ti, como en la figura:


La sombra bajo la mariposa (indicada con ?) no está producida por ti (principio 1) pero tampoco está producida por la mariposa (principio 2). ¿Quién produce la sombra?

Según el filósofo Robert M. Martin, "los principios sobre las sombras no son inconsistentes, pero son empíricamente inadecuados, hay fenómenos que no encajan", lo que no sé si aclara mucho la situación...
(Vía)

jueves, 16 de agosto de 2012

"¿Cómo funciona el cerebro?"

"¿Cómo funciona el cerebro?"
Madeline, 5 años

"No se sabe. La neurociencia moderna dedica muchos esfuerzos a responder esa pregunta. Según una teoría, de la misma forma que el cerebro controla el movimiento muscular, el cerebro controla los brazos, las piernas, la boca, y así sucesivamente. El pensamiento podría ser algo así como movimiento muscular. Dicho de otra forma, funciona con la misma rutina que lo de 'dobla por aquí, flexiona eso, estira aquello' salvo que sin controlar músculos. Lo que controla es, más bien, algo conceptual".
David Eagleman

(Fuente, Vía)

martes, 31 de julio de 2012

Lectura comprensiva, por Les Luthiers

Los que nos ganamos los garbanzos como profesores de enseñanzas medias (de todos los niveles, me atrevo a decir) sabemos que uno de los más malvados enemigos del aprendizaje es una mala lectura comprensiva. A quienes padecen ese problema les cuesta muchísimo aprender a partir de textos escritos. Y eso no es nada gracioso, todo lo contrario. A menos que, claro está, Les Luthiers le den la vuelta en los más pestri, trespigio, pretigios... famosos foros internacionales. Me vais a permitir que os ponga esta genialidad para celebrar que estamos de vacaciones. Y recordad que un libro es un estupenda compañía, en verano y todo el año.

jueves, 5 de julio de 2012

Cómo percibimos el mundo

"Somos seres visuales. Ningún otro sentimiento, quizá con la excepción del dolor, llena tanto la 'cavidad' mental. La sensación de luz que invade nuestra mente cuando tenemos los ojos abiertos es tan fuerte que nos hace creer que esa luz está ahí fuera, llenando también el mundo que nos rodea, y que nuestros ojos lo único que hacen es recibirla y sentirla. Pero no, no es así".


Cómo percibimos el mundo es un estupendo libro de divulgación sobre... ¡caramba!, el título lo deja bien claro: sobre cómo percibimos lo que percibimos, que en el fondo no es más que una parte minúscula de lo que hay.
Durante la mayor parte de sus poco más de doscientas páginas, en el segundo y último capítulo, Ignacio Morgado nos invita a adentrarnos en los sentidos y en cómo el cerebro interpreta la información que de ellos recibe para que todo un mundo de sensaciones aflore a la consciencia. Un recorrido por los cinco sentidos "tradicionales" y alguno más, que los hay, como el sentido del equilibrio o la propiocepción (la percepción de nuestro propio cuerpo). Como es tradicional en los estudios sobre el funcionamiento de la mente humana, una buena parte de lo que sabemos sobre ella se ha conseguido gracias a enfermedades que afectan a distintas áreas del encéfalo y cuyos efectos resultan sorprendentes, como la (disculpad de antemano) heminegligencia sensorial contralateral que provoca que los pacientes no sean conscientes de una mitad de su cuerpo. También habla Morgado de experimentos alucinantes sobre sujetos sin ningún trastorno, como el experimento de Ehrsson, capaz de hacer que una persona sienta que su cuerpo se traslada a una muñeca Barbie.
Sin embargo, es la parte inicial del libro la que a mi entender resulta más estimulante. Bajo el sugerente título La naturaleza de la mente consciente el autor nos hace reflexionar sobre la emergencia de la consciencia, de la mente, del "pienso luego existo", a partir de la labor cooperativa de las neuronas. Trocito de universo reflexionando sobre sí mismo, casi nada.
Morgado cuenta las cosas de una manera muy sencilla de seguir, y quizá por eso se le han colado algunos deslices mínimos como lo de "alguna especie infrahumana" (p.59) que parece que va en la línea de poner al Homo sapiens en la cúspide de la evolución, algo ya superado. La misma idea transmite con "hay al menos tres especies animales que parecen reconocerse en un espejo: los chimpancés, los delfines y también los elefantes" (p. 60). Doy por supuesto que el autor sabe que la especie humana está encuadrada en el reino animal y que sus individuos suelen reconocerse en el espejo.
También parece asumir como válido un hecho que quizá cabría clasificar como leyenda urbana: "Las mujeres que conviven estrechamente en un mismo lugar durante un tiempo suficiente, mutuamente influidas por sus respectivas feromonas y sin que sean necesariamente conscientes del olor de las mismas, pueden llegar a sincronizar sus ciclos menstruales" (p.93-94). Idea esta, la de la sincronización de las menstruaciones, que parte de un estudio poco fiable de Martha McClintock publicado en Nature en 1971.
De cualquier manera, un libro más que recomendable como iniciación al conocimiento de la mente, producto de la que quizá sea la estructura más compleja que existe.

miércoles, 25 de abril de 2012

La superstición en las pseudomedicinas

Hace unos días disfruté viendo Las vidas posibles de Mr. Nobody, una curiosa película de ciencia ficción que trata de la vida, en forma de recuerdos, del último mortal que queda en el planeta, con sus 118 añitos (el último mortal pero no el último ser humano, ya que la sociedad del año 2092...) En fin, no es es mi intención destripar el argumento de una película que recomiendo que veáis, sino compartir con vosotros la escena inicial. Atentos:



Fijaos en la última frase:
"Llamamos a esto superstición de la paloma".
¿De la paloma? Hombre, no digo yo que las palomas no sean supersticiosas...

¿Queréis más? Podéis seguir leyendo la entrada en Amazings. Ya estáis tardando.

viernes, 23 de marzo de 2012

Sinestesia: los colores de la Suite Inglesa nº 6, de J. S. Bach

La sinestesia es un trastorno neurológico que consiste en la mezcla de distintas sensaciones. Según algunas investigaciones en los sinestésicos se produce una activación cruzada de áreas cercanas del cerebro, con lo que pueden percibir un sabor al tocar un objeto o ver los colores de la música. También las drogas psicodélicas pueden "confundir" un cerebro volviéndolo temporalmente sinestésico.
¿Qué siente una persona capaz de ver los colores de la música? Evan Shiners nos lo cuenta:

"La gente me suele preguntar '¿qué pasa por tu cabeza cuando interpretas a Bach?' 'Colores', respondo. Y entonces añaden '¿qué colores?"



(Vía)

viernes, 30 de septiembre de 2011

Nací sorda y hoy me oigo por primera vez

"Nací sorda y hace ocho semanas me pusieron un implante auditivo. Este es el vídeo en el que lo conectan y me oigo por primera vez".



(Vía)

lunes, 25 de julio de 2011

Contra la pseudociencia desde antiguo

Los de Popular Science han rescatado de su hemeroteca algunos artículos del periodo de entreguerras que dedicaron a la lucha contra las pseudociencias, como éste que centraron en la parapsicología, publicado en el número de marzo de 1937 con el título de ¿Podemos leer la mente de los demás?:



Selecciono un fragmento:

"En este artículo, razonamos que por cada caso de premonición que llega a cumplirse, hay miles que no se dicen. En una ocasión, un afortunado con la lotería aseguró haber soñado con el número antes de rellenar el boleto, pero al menos un centenar de personas que no obtuvieron ningún premio también dijeron haber soñado con el número que habían elegido".

Está claro: siempre ha habido pseudociencias, pero desde hace mucho tiempo hay gente que prefiere utilizar el sentido crítico para tratar de ponerlas en su lugar. El cubo de la basura.

miércoles, 11 de mayo de 2011

No todo es fútbol

Se acercan las elecciones. Me parece un momento adecuado para este texto, que ha sido publicado en El Escéptico y en Merindad:
No cabe duda de que somos seres pasionales. Una de las principales (pre)ocupaciones de muchos, llegando a ser una auténtica obsesión, es la marcha del club de sus amores. Como si de un carácter hereditario se tratara, el gen del fútbol se transmite de generación en generación poniéndose de manifiesto el fenotipo correspondiente: camiseta oficial los domingos y fiestas de guardar, canto desaforado del himno lo mismo en cenas de cuadrilla que en la boda de la prima, odio incondicional al “otro” equipo...

hincha
Mientras no se desmadre, el apego a los colores no pasa de ser una afición tan respetable como la brisca o la pesca con cucharilla. Incluso cuando se manifiesta con un fervor que podríamos considerar como religioso. Porque lo cierto es que hay quien no termina de encontrar muchas diferencias entre los sentimientos religiosos y los balompédicos. Allá cada cual.
Sin embargo, en la vida no todo es fútbol. Bien está manifestar por el equipo un amor irracional (o arracional, si se me permite usar tal expresión: no es la razón quien guía esos sentimientos), pero este tipo de apegos no debería empapar otros ámbitos, porque entonces pueden salpicarnos a los demás. En política, pongamos por caso. Debemos tener siempre presente que los representantes que salgan elegidos, de entre lo que podamos elegir, van a tomar decisiones que nos van a afectar a todos en aspectos tan diversos como cuál va a ser el salario mínimo, por dónde va a pasar un tren de alta velocidad, qué asignaturas van a estudiar nuestros chavales o a qué edad van a poder entrar en una prisión. Hay muchos y buenos motivos para pararse a pensar, con frialdad, calculadamente, a quién vamos a dar nuestro voto. O incluso si vamos a ejercer ese derecho. Por eso me resulta bochornoso, cuando llega la época electoral, ver a esas hordas de hinchas que llenan estadios, frontones, auditorios, adorando a su equipo –político-, riendo las gracias de su ídolo y abucheando al equipo contrario. Gente que seguiría depositando una fe ciega en el líder aunque a éste le pillaran abusando de su anciana madre. A diferencia de la pasión por los clubes de fútbol, que poco (aunque a veces no tan poco) nos afecta a los que carecemos del gen, una elevada proporción de “fieles hasta la muerte” de su partido político pueden estar decidiendo el rumbo de las naciones.
Algo parecido pasa con cuestiones científicas. Por supuesto, no con todas. Nadie toma partido a favor o en contra de la ley de la gravitación universal, o de la velocidad de la luz, o de la polinización de los jazmines. En estos terrenos, las cosas son como son, y lo que pensemos de ese tipo de realidad, nos guste o no, es completamente indiferente. Debería sorprendernos, por la misma razón, el hecho de que una parte muy importante de la población elija bando –no se puede llamar de otra manera- ante la conveniencia de la vacunación universal, la peligrosidad de las radiaciones de las antenas de telefonía, el cambio climático, los cultivos transgénicos, la teoría de la evolución biológica, las centrales nucleares... Claro que todos tenemos derecho a opinar, pero los efectos biológicos de las radiaciones son tan opinables como la velocidad de la luz en el vacío; en cuanto a cuestiones como los transgénicos o las células madre, cuántos de los que sientan cátedra al respecto deberían hacer examen de conciencia y admitir lo poco que saben del tema... No voy a entrar en qué opción es la mejor, porque no me refiero a eso. Para ser sincero, yo ni siquiera lo tengo claro en algunos casos. Pero es muy fácil errar si se toman decisiones sólo porque una mayoría enarbole una bandera con la misma reflexión con que anima a su equipo de fútbol.

sábado, 26 de marzo de 2011

Oda al cerebro

"Ode to the brain" es el noveno episodio de los vídeos musicales de divulgación científica del proyecto Symphomy of Science. En esta ocasión llenan de música frases rescatadas de Robert Winston, Vilayanur Ramachandran, Carl Sagan, Jill Bolte Taylor, Bill Nye y Oliver Sacks. Debajo os pongo la letra, esta vez en inglés. Os toca poner un poco de esfuerzo.



[Robert Winston]
It's amazing to consider that I'm holding in my hands
The place where someone once felt, thought, and loved
For centuries, scientists have been battling to understand
What this unappealing object is all about

[Vilayanur Ramachandran]
Here is this mass of jelly
You can hold in the palm of your hands
And it can contemplate the vastness of interstellar space

[Carl Sagan]
The brain has evolved from the inside out
It's structure reflects all the stages through which it has passed

[Jill Bolte Taylor]
Information in the form of energy
Streams in simultaneously
Through all of our sensory systems

And then it explodes into this enormous collage
Of what this present moment looks like
What it feels like
And what it sounds like

And then it explodes into this enormous collage
And in this moment we are perfect
We are whole and we are beautiful

[Robert Winston]
It appears rather gruesome
Wrinkled like a walnut, and with the consistency of mushroom

[Carl Sagan]
What we know is encoded in cells called neurons
And there are something like a hundred trillion neural connections
This intricate and marvelous network of neurons has been called
An enchanted loom

The neurons store sounds too, and snatches of music
Whole orchestras play inside our heads

20 million volumes worth of information
Is inside the heads of every one of us
The brain is a very big place
In a very small space

No longer at the mercy of the reptile brain
We can change ourselves
Think of the possibilities

[Bill Nye]
Think of your brain as a newspaper
Think of all the information it can store
But it doesn't take up too much room
Because it's folded

[Oliver sacks]
We see with the eyes
But we see with the brain as well
And seeing with the brain
Is often called imagination

[Various]

[Robert Winston]
It is the most mysterious part of the human body
And yet it dominates the way we live our adult lives
It is the brain

miércoles, 2 de marzo de 2011

Las cosas son como son

En 1979 los psicólogos Charles Lord, Lee Ross y Mark Lepper, de la Universidad de Stanford, publicaron un interesante artículo que ha llegado a ser un clásico entre los estudios sobre conducta humana. Hicieron dos grupos de estudiantes. Uno, a favor de la pena de muerte, el otro contrario a ella. A ambos grupos les dieron dos estudios científicos con conclusiones opuestas: en uno de ellos se demostraba que tras la abolición de la pena de muerte en uno de los estados norteamericanos el número de asesinatos había disminuido; en el otro, que había aumentado. Los estudiantes debían juzgar la validez de dichos documentos.
Los resultados fueron reveladores. Cada grupo encontró defectos metodológicos en los estudios que contradecían sus opiniones previas, mientras que fueron incapaces de encontrar defectos similares en los que apoyaban sus tesis.
Recientemente, Geoffrey Munro, de la Universidad de Towson, seleccionó a un centenar de estudiantes a los que preguntó si consideraban que la homosexualidad podría estar asociada a algún tipo de enfermedad mental. A la mitad de los que respondieron que sí les dio cinco publicaciones científicas que demostraban la relación entre homosexualidad y trastornos mentales; a la otra mitad, cinco publicaciones que negaban dicha conexión. Lo mismo hizo con el grupo que había respondido que no: la mitad recibió los artículos que demostraban la relación, la otra mitad los que concluían que no hay relación entre homosexualidad y enfermedad mental. (Todas las publicaciones eran falsas, y así se les hizo saber al final del estudio).
Supongo que no se sorprende si le digo que aquellos a quienes las presuntas investigaciones científicas les llevaban la contraria decidieron matar al mensajero; la conclusión a la que llegaban era algo así: “la ciencia no es capaz de determinar si hay o no relación entre la homosexualidad y los trastornos mentales”. Conclusión tanto de los que creían en ese vínculo como de los que lo negaban, que quede claro. Por supuesto, quienes recibieron “pruebas científicas” a favor de sus creencias no pusieron la más mínima objeción; para ellos, la ciencia funcionaba perfectamente.
Se han hecho investigaciones similares a las de Munro con otras cuestiones, como la existencia de la clarividencia, la efectividad de pegar a los niños como medida disciplinaria, los efectos sobre la salud de los remedios herbales, la relación entre ver escenas de violencia en televisión y las conductas violentas, la precisión de la astrología al determinar rasgos de personalidad… En todos los casos, lo mismo: si no me gusta la conclusión a la que llega la ciencia, entonces la ciencia no es de fiar.
(Hasta aquí, adaptado muy libremente de un artículo de Ben Goldacre en The Guardian).

Somos humanos, y eso implica que nos cuesta mucho asumir que podemos estar equivocados, por un lado. Por otro, que nos gustaría que el mundo se comportara de acuerdo a nuestros deseos. A todos nos gustaría poder prever el futuro; más aún: preverlo para poder evitar lo porvenir negativo. A todos nos gustaría que no existiera el cambio climático; de hecho, a algunos les gustaría que, de existir el calentamiento global, no estuviera causado por la actividad humana, para poder seguir adulterando la atmósfera al mismo ritmo con que se llenan sus orondas cuentas corrientes. A todos nos gustaría poder entrar en contacto con los seres queridos que se fueron definitivamente, y que fueran heraldos de buenas noticias. A todos nos gustaría, si un día nos dan por desahuciados, que un brujo pudiera devolvernos la salud. A todos nos gustaría conseguir un cuerpo diez con solo llevar puesta una faja que vibra mientras vemos la tele. A todos nos gustaría... que existieran los Reyes Magos.
Pero una cosa son los deseos y otra muy distinta la realidad. Los gurús de la autoayuda suelen decir cosas tan estúpidas como “si deseas algo con la suficiente intensidad, entonces llegarás a conseguirlo”. Huya de dicho consejo como de la pólvora. Si de verdad desea algo, entonces esfuércese todo lo que pueda para lograrlo. Pero antes, además, asegúrese de que hay alguna posibilidad. Porque, nos guste o no, y esta máxima no la va a encontrar en ningún libro de autoayuda, las cosas son como son, y no como nos gustaría que fueran.