Que nadie se me alborote, que va en serio. Es un decir. ¿Os acordáis de aquella guarrada de la
orinoterapia? Ahora Txumari Alfaro, devoto de lo de beberse los meados, nos presenta el café rectal:
¿De dónde saca el señor Alfaro tan agradable terapia? Nada más y nada menos que de la
"medicina" ortomolecular, término acuñado por el dos veces laureado con el Nobel (de química y de la paz)
Linus Pauling. Un buen ejemplo de por qué el
argumento de autoridad es una falacia: por muy Nobel que sea Pauling, la terapia ortomolecular es, simple y llanamente, una pseudomedicina más:
"Las enfermedades se originan por causas múltiples no específicas, congénitas o adquiridas. Estas causas dan lugar a aberraciones bioquímicas, cuya acumulación da lugar a los síntomas e indicios, de los cuales se sigue la percepción de un estado de enfermedad. Algunas enfermedades clínicamente evidentes se pueden describir como conjuntos difusos de anomalías bioquímicas. A menudo, el médico ortomolecular emplea múltiples sustancias vitales (aminoácidos, enzimas, nutrientes no esenciales, hormonas, vitaminas, minerales, etc.) en un esfuerzo terapéutico de restaurar éstos (o sustancias derivadas de ellos) a los niveles estadísticamente normales en personas jóvenes sanas", me informo en una de sus páginas, que por cierto no voy a enlazar.
Pues bien, según los defensores de esta "medicina" alternativa, meterte un cafelito por ahí abajo y retenerlo durante un cuarto de hora con el culo bien prieto es genial para desintoxicar el hígado y, aseguran, presenta resultados muy prometedores en el tratamiento de algunos cánceres como el mieloma múltiple y muy especialmente en del cáncer de páncreas.
Nada, que cualquier día de estos llega un grupito de oficinistas al bar, a media mañana, y uno va y le dice al camarero:
"Manolo, dos cortaditos, dos descafeinados con leche y dos enemas, uno de ellos para llevar, que Isabel estaba un poco liada y no ha podido salir".