viernes, 12 de marzo de 2010

Sobre la libertad y el conocimiento

Conozco a personas que, cuando padecen trastornos leves como episodios alérgicos o dolor de garganta, acuden directamente a su farmacia y salen de ella con un producto homeopático. A veces trato de hacerles ver que están en un error, aunque cada vez soy más reacio a intentarlo: suelen interpretarlo como un ataque personal. De cualquier manera, al preguntarles porqué se deciden por la homeopatía, la respuesta es, aproximadamente, “porque me da la gana”, una manera popular de hacer referencia a la libertad personal.
No es de extrañar el éxito de la homeopatía. Por un lado, y por desgracia, es frecuente que en los despachos de farmacia se ofrezcan “remedios” homeopáticos incluso cuando no se piden; supongo que es cuestión de rentabilidad. Por otro, y aquí reside la clave, es muy poca la gente que conoce el fundamento teórico de la homeopatía, en el cual no voy a entrar pero que se puede resumir como una sabia combinación de nada y efecto placebo, si se me permite la redundancia. De hecho, cuando consigo explicarlo brevemente, muchos se sorprenden: “Ah, pero eso de la homeopatía ¿no era lo de curarse con hierbas?” De cualquier manera, tras años de “homeopatizarse”, es muy difícil admitir que uno puede ser víctima de un engaño: “Pienso seguir con la homeopatía, porque me da la gana” (mientras te dicen esto te miran como si fueras un talibán); “porque me da la gana”: libertad, ¿no es cierto?
A otra escala, también la gente utiliza su libertad para tratar de presionar a las administraciones en pos de la retirada de las antenas de telefonía de las ciudades, o de la prohibición de los cultivos transgénicos, o del cierre definitivo de todas las centrales nucleares, o... Y hacen bien, claro. Nuestros políticos tienen siempre la vista puesta en las próximas elecciones. Por eso, no es sorprendente que muestren tanta tendencia a tomar medidas populares, aunque esas medidas tengan bien poco de racionales. Sirva como triste ejemplo la reciente regulación de las desafortunadamente denominadas “medicinas alternativas” en la comunidad catalana (decreto 31/2007 del 30 de enero).
Ahora bien, en los ejemplos citados, ¿realmente se está decidiendo libremente? Es evidente que para poder elegir debe haber varias opciones (“Puedes elegir compañera”, dijo Dios a Adán tras crear a Eva). Pero para poder elegir haciendo auténtico uso de la libertad uno debe conocer las diferentes opciones. No simplemente saber cuáles son, sino qué son, qué significan, qué se esconde en ellas. “La verdad os hará libres” es una sentencia muy afortunada. Cuando uno no sabe qué hay detrás de cada opción no puede (aunque crea que lo hace) ejercer su libertad. Si uno piensa que es igual de eficaz, o incluso más, una píldora homeopática que una de ibuprofeno, puede decidirse por aquélla, pero desde luego no lo hace libremente; quien lucha denodadamente contra la instalación de una antena de telefonía móvil porque está convencido de que va a producir cánceres entre el vecindario, no lo hace libremente: está impedido por su desconocimiento. El conocimiento necesario consistiría, en el ejemplo de la homeopatía, en su base teórica y en los estudios clínicos concluyentes sobre su (carencia de) efectividad; en el de las antenas, en la naturaleza de las radiaciones electromagnéticas y en sus efectos sobre el organismo humano. No estaría de más, en ambos casos, saber que a menudo se citan conclusiones obtenidas en estudios que pretenden demostrar la efectividad de aquélla y la peligrosidad de éstas, estudios de los que lo mejor que se puede decir es que cuando se repiten por científicos independientes no hay manera de obtener los mismos resultados. Disponer de todos estos conocimientos, de toda esta información, conduciría, sin ningún género de dudas, a actitudes bien distintas a las consideradas, por no decir opuestas.
Que falta mucho conocimiento, o de otra manera, que la ignorancia abunda, sea dicho esto con el máximo respeto, es evidente. No hay más que percatarse de la popularidad de las pseudociencias, o de los metros cuadrados de pseudohistoria en los estantes de las librerías.
La cuestión es: ¿cuál es la causa de esa ignorancia? Posiblemente se trate de la conjunción de dos factores: en primer lugar, falta de información o, peor aún, una caótica mezcla de informaciones contradictorias, que suelen ser tratadas por los medios como igualmente válidas, en el marco actual del relativismo cultural, tan políticamente correcto. Y en segundo lugar, en una alarmante falta de interés (“creer es fácil, lo difícil es saber”, una frase estupenda de la que –me vais a perdonar- no recuerdo su autor). Los educadores, como el que esto firma, tenemos la obligación moral de incidir en ambos condicionantes. Sobre todo en el segundo, mostrando que la realidad es fascinante (y debe notarse que a nosotros nos lo parece) y, afortunadamente, comprensible. Debemos lograrlo cuando aún es tiempo, antes de que la entrada en la vida adulta haga a nuestros jóvenes oyentes demasiado conformistas. Y debemos, además de proporcionarles conocimientos (cuántos de ellos se irán olvidando con el tiempo), enseñarles sobre todo a dudar -no a no creer-, a buscar fuentes fiables de información, a contrastar, a saber que hay verdades absolutas y que por tanto no son opinables...
Quizá ahora que se pone en marcha la asignatura de Educación para la Ciudadanía es el momento de hacer un hueco a esta manera de educar a nuestros hijos que no es otra cosa, si bien lo pensamos, que enseñarles a ser libres de verdad.
(Este desvarío fue publicado en Merindad y en El_escéptico_digital el año 2007).

8 comentarios:

  1. Me parece un artículo muy interesante y al que no le falta razón, pero me ha chirriado bastante la mención a los libros de pseudohistoria... No creo que comparar libros escritos para puro y duro divertimento (más o menos acertados) con temas como la información sobre la salud tenga mucho sentido... Que la gente haga lo que quiera con su ocio, estamos hablando de que la salud es algo más transcendental ¿no?

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  2. Yo la frase que recibo por respuesta siempre que veo a alguien con "medicina" homeopática es "a mí me funcionó"; y esta es una frase dificil de replicar, ya que todo el mundo pondrá su experencia personal por encima de cualquier argumento, sin importar lo lógico y racional que sea este.

    Saludos.

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  3. Pues sí, Carlos, es un hecho que si no se sabe casi nada de las opciones a elegir, la libertad que se ejerce es meramente una apariencia. Ojalá este fundamento tan básico, cercano al sentido común, fuera tan obvio para el resto de personas.

    Kris Hari: Traté hace un tiempo sobre el dichoso "a mí me funciona", te lo referencio por si te es útil:

    http://www.soitu.es/soitu/2009/06/09/salud/1244550744_619856.html

    Cómo no, entre los comentarios podemos encontrar el consabido "Pues a mí me funciona" o falacias del estilo :)

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  4. Siempre tan acertado en estos temas, un placer la extensa lectura para una tarde de sábado en casa.
    Saludos

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  5. Yo creo que los productos homeopaticos son ideales para curar en x tiempo enfermedades leves que se curan por si solas en x tiempo.
    Por eso creo que la gente ve que son efectivos. Tienen un resfriado, tras una semana tomandose ibuprofeno y amoxicilina a paladas, se deciden por un producto homeopatico, y magia se curan.Claro no se dan cuenta que aunque no hubiesen tomado el PH se hubiesen recuperado igualmente. Un resfriado suele durar una semana.
    Alguna vez me ha pasado que intentando explicar que la homeopatia es un fraude a unos padres que dan a sus hijos este tipo de productos, me dicen que si fuese padre y que de estar mi hijo enfermo usaria estos productos si viese que los del medico no funcionan. Eso mirandome con una cara que dice' un buen padre no priorizaria sus creencias antes que la salud de su hijo'.
    Y claro no se dan cuenta que esa decision mia no seria cuestion de una simple creencia, de una libertad de elegir sin informarme(haciendo referencia a esa necesidad de conocimiento que comentas en la entrada que deberia haber tras la eleccion)sino de una decision, una eleccion que tiene detras un conocimiento basico de quimica que me dice que lo que le daria a mi hijo no seria mas que excepiente.

    En definitiva que ya paso de decir nada.

    Saludos.
    Buena entrada;)

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  6. Mezclas muchos temas: homeopatía, efecto ondas electromagnéticas en humanos, incidencia de cultivos transgénicos ...
    Cada uno tiene su propio desarrollo. Que la ciencia no haya detectado efectos cuando no se hacen estudios concienzudos no quiere decir que no existan efectos (tengo en cuenta los límites económicos de los estudios). He ahí el caso de los CFCs con el agujero de ozono o la irrupción de los disruptores endocrinos en el medio natural. El problema es muchas veces no llegas a saber si el que no se investigue más un tema se debe a intereses económicos que arrasan con el llamado principio de precaución.
    Sobre homeopatía: probé conmigo y con mi hijo, a pesar de las dudas que me planteaba la promesa de no tener efectos secundario. No me funcionó ni a mí ni a mi hijo. Luego busqué los fundamentos. Encontré muy poco y me sirvió para desecharlo completamente. Aluciné con un veterinario que intentaba aplicarle conceptos de física cuántica.

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  7. Para anónimo: no tengo nada en contra de los libros de ficción, siempre que dejen claro que son de ficción, si no son "tramposos".
    Sol: cierto, hablo de muchas cosas como ejemplo de que mucha gente opina, o exige, sin saber realmente gran cosa sobre ello, no como ejemplo de cosas que funcionan o no, o que tienen peligro o no. Yendo a ejemplos concretos, si se afirma que la homeopatía funciona habrá que demostrarlo (y aún nadie lo ha hecho); si se dice que la radiación de telefonía causa cáncer también habrá que demostrarlo (y tampoco se ha hecho).

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